Suena la alarma, a la hora que tú mismo habías fijado. La apagas y sigues durmiendo. Vuelve a sonar y la vuelves a apagar, hasta que se hace muy pesado ese horrible sonido matutino y decides de una vez por todas dar fin a tu descanso.

¿Qué es lo primero que haces? No, no te levantas de la cama. Lo primero que haces es coger el móvil y repasar qué mensajes te perdiste mientras comenzaste a dormir, qué nueva publicación de Facebook puede sacarte una carcajada, en qué nueva foto te han etiquetado…

Te suena, ¿verdad? Es la enfermedad más grave del siglo XXI. La más grave por una sencilla razón, y es que se come tu tiempo y tu vida. Y no reparas en ello hasta que te falta. Siempre he oído de la gente más exitosa, trabajadora y con experiencia que lo que más debes cuidar en tu vida es el tiempo.

Pasar tu tiempo disfrutando con tus amigos, haciendo los quehaceres que tengas previstos para ese día, estudiar los temas que te hayas prefijado… En definitiva, llevar las cosas lo más al día posible. Tanto las obligaciones como el ocio que te mereces.

Permanecemos más tiempo mirando el Whatsapp y el Facebook que siendo conscientes de nuestro entorno, de los pequeños detalles, de la verdadera vida. Yo me reconozco como otro enfermo más, es difícil desprenderse de algo que lleva tanto tiempo desarrollándose. Cada día que pasa, ese cáncer va creciendo y cada vez es más y más difícil terminar con ello. Ese ‘Me gusta’, ‘Me encanta’, notificación por aquí, notificación por allá… Estímulos constantes, una auténtica droga y nosotros unos auténticos yonkis.

Algunas veces he probado a desconectar un día de las redes sociales. Para mi propio asombro, he visto una nueva vida. La vida a la que estaban acostumbrados nuestros abuelos y nuestros padres, la vida física, el pasar el tiempo muerto mirando a través de la ventana ese cielo azul relleno de brillantes nubes, escuchando el cantar de los pájaros o sintiendo cómo la brisa te acaricia y agradece tu genuina atención hacia ella. Descubres un mundo nuevo, el del presente, que estaba ante tus propios ojos y no querías verlo. No podías, estabas ocupado intentando buscar la aprobación de los demás, sentirte valorado por la sociedad, alimentando tu cada vez más baja autoestima y tu hambre de validez externa.

Así es. Las redes sociales te dan los ‘Me gusta’ que tanto te “llenan”, quitándote a cambio autoestima, seguridad en ti mismo, y capacidad de desvincularte del qué dirán. Pierdes tu valioso tiempo, vives en una “realidad” ficticia, un mundo virtual que te atrae poderosamente, como un agujero negro que no te deja escapar. Te quita la vida, te quita la capacidad de ser, de sentirte vivo y de conectar con el Universo…

Hazlo poco a poco, ve desintoxicándote, aprecia más lo bella y maravilllosa que es la VIDA y sentirás una paz interior y una riqueza que antes no habías experimentado.

Apacigua tu alma, permanece en silencio, que el mundo sea una prolongación de tu ser… Obtendrás felicidad, calma, serenidad y plenitud, habrás conectado con tu esencia… Despréndete de aquello antinatural y úsalo sólo cuando sea necesario, no permitas que te quite la capacidad de vivir.

Desengánchate y dedícate a vivir de verdad.

 

 

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Un comentario en “LA ENFERMEDAD QUE TODOS TENEMOS

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