Maldita soledad. No sé por qué existes. Siempre jugando al escondite. Siempre apareciendo en el momento menos oportuno, aprovechándote de que estoy sólo. 

Maldita soledad. Odio que me hagas sentir frágil, que me hagas ver cuán vulnerable soy realmente. No soporto que me retes, que pongas en mi camino empinadas cuestas, que me impongas aceptarte.

Maldita soledad. Déjame tranquilo, devuélveme la paz. No me confundas, no me hagas más mal. 

Dichosa soledad. Tu insistencia acabará agotando mi energía. ¿Por qué ese empeño por buscar un resquicio en mi alma, en mi ser? ¿Por qué tambaleas mi interior, acaso pretendes perturbar mi felicidad?…

Ay, soledad… De acuerdo, tendré que dejarte entrar. No me puedo deshacer de ti, te tendré entonces que escuchar.

Bendita soledad. No sé por qué te adoro ahora. ¿Qué has hecho al dejarte entrar? ¿Qué interruptor has pulsado? ¿Por qué ahora no te puedo dejar? 

Amada soledad… Cuánto me has enseñado, cuánto te debo. Qué agradables momentos hemos pasado. Qué equivocado estaba, querida soledad. 

No eras tú el problema, era yo el que no te quería aceptar. Amada soledad, gracias por acompañarme, gracias por estar.  

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4 comentarios en “MALDITA SOLEDAD

  1. Que bonito, cuando las cosas de la vida te vienen impuestas y se aceptan, es señal de que te superas a ti mismo/a y llegas a ir saboreando todo lo especial que tiene la vida. Sigue escribiendo me gusta como lo haces

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